Ayuda  |  Ingresar  |  Crear Cuenta
...

Entrevistas a poetas: Ana Lafferranderie- Jorge Boccanera

Nuestra entrevista de todos los viernes a dos poetas.

¿Cómo o cuándo te das cuenta de que algo que escribiste o pensaste es un poema y no otro tipo de texto?

Ana: El poema surge como una voz extraña, dislocada, que viene por sí misma, irrumpe, y lo hace ya armada, gestada en una lógica propia que está fuera de los usos comunicativos más inmediatos del lenguaje o del intento de reflexión. Se manifiesta como un decir que empieza y termina en sí mismo, como un animal que gira para morderse la cola. Una voz que comprende algo que está en otro lado. Es un decir que simplemente se produce, ocurre, y  sólo hay que registrarlo para no perderlo. Tiene cierto ritmo que le es propio, viene con una impronta sonora. Puede aparecer en la cabeza cuando vas en el subte, un verso, dos, una frase. O cuando estás leyendo. O puede surgir frente al papel y que salga un poema completo.

Jorge: El poema se desgaja del resto de la literatura (incluso algunos poetas dicen que la poesía no es literatura- por el manejo de una digresión guiada, la ambigüedad, el azar o, como decía Gelman, la confianza en el misterio. Y sin embargo no es tan subjetivo como parece: hay elementos que permiten  hablar de sus elementos: su respiración (o sea: el ritmo), su riqueza simbólica, el poder de sus imágenes, un modo de metaforizar y refundir los temas, entre otros muchos que lo hacen diferente a cualquier discurso lineal y retórico.

¿Cómo se corrige un poema, cómo corregís vos un poema? 

Ana: Yo corrijo antes que nada tratando de comprender lo que está escrito en la primera versión. Comprenderlo y expandirlo, hacerlo crecer, que ese universo pueda dar todo lo que tiene para dar, ese momento de enunciación del poema no se quede limitado a  lo primero que surge sino exigirlo,  extraer de ese discurso lo que está detrás. Hacerlo decir lo que tiene para decir. Y luego ajustando, buscando precisión, buscando la palabra justa, no esa que surgió y suena bien o que parece que ya está, sino aquella que realmente le corre el velo al poema y deja que asome su verdad. Una verdad no en términos de anécdota, sino de lo que el poema expresa. Después pasa el tiempo y sigo corrigiendo en la cabeza, hay cuestiones de ritmo que a veces me obsesionan. La sonoridad propia de una voz, que si uno  la mutila algo se pierde. Entonces hay que tener cuidado al corregir.

Jorge: En realidad el poema se escribe y se corrige al mismo tiempo, porque todo el tiempo que lleva la escritura es el de la afinación del texto. Yo corrijo lo que está bien, no lo que está mal. Parece un contrasentido pero no lo es. Corrijo aquello a lo que le veo posibilidades, nunca lo que está de sobra. El poema es un material maleable, un dibujo escondido al que hay que encontrarle la forma final, que permanece mientras corregimos, en la oscuridad. De pronto empieza hablar solo y hay que abandonarlo a su suerte, Ya está terminado. Paso mucho tiempo a veces un libro me ocupa 6 años- en esta tarea, que es la que más me interesa de la poesía, el trabajarlo, darle un acabado.

¿Podés encontrar algo puntual que haya modificado tu escritura? (Un autor, una película, un momento de tu vida…)

Ana: Los momentos de la vida han incidido directamente en mi escritura. Si mi vida se comprime, si yo me comprimo,  la escritura está más rígida, contenida, hasta melancólica. Cuando la vida se expande, la escritura crece, se aliviana, se libera. Eso me está pasando ahora,  me siento más vital, diferente y eso asoma enseguida en lo que escribo, me salen textos más discursivos, gozosos, con una sensorialidad que va para otro lado. Es muy bueno sentirlo, constatarlo. Por otra parte, las lecturas todo el tiempo influyen, alimentan y hacen que mis textos vayan hacia zonas que antes no aparecían. Son un motor. Yo escribo con libros al lado, que son el alimento de mi escritura. Acabo de terminar este fin de semana de escribir  un libro: gran parte de los poemas fueron escritos bajo el influjo de otros  como “Lo gris en el canto de las hojas” de Beatriz Vignoli, “El hombre cuya mano izquierda…” de Tiffany Atkinson, y  “Decepciones”, una antología chilena de Philip Larkin. Libros que me dieron algo que yo sentía me estaba faltando, y entonces, muy naturalmente, me estimularon y me ayudaron a escribir del modo que yo necesitaba. Y el trabajo de taller, con Irene Gruss, principalmente. El trabajo con ella me modificó mucho porque uno llega con poca conciencia del proceso de escritura, y eso te quita posibilidades de trabajar.  Empezás a entender que tenés que ser laboriosa, no apegarte a lo primero que escribís, buscar la precisión,  romper con inhibiciones, animarte a decir, decir con simplicidad sin ponerte eufemística, no quedarte pegada a la anécdota, ficcionalizar, jugar, pasarla bien, desdramatizar al escribir, y tantas otras cosas. Sigo buscando todo eso, siempre, me sigue enseñando cada vez que escribo. Pero hubo un momento de incorporación que fue de un gran cambio en el modo de llevar adelante el proceso de escritura. También el trabajo con Alicia Genovese con quien hice un taller breve hace muchos años, me transmitió conceptos que  siguen trabajando en mí cuando escribo, muchos. Por ejemplo respecto de cómo corregir,  tensar el poema y  a la vez  no mutilarlo. Son conceptos  que ella transmitió en su taller, que luego de años siguen apareciendo cuando los necesitás y te permiten lograr cambios que, al menos para uno, son muy significativos en el proceso de escritura. 

Jorge: Quizá lo que lanzó a este diálogo intenso con la imaginación haya sido mi infancia en un puerto; yo nací en Ingeniero White, un puerto pesquero en Bahía Blanca, donde todo era aventura y misterio: barcos enormes, marineros de distintas nacionalidades, bares, cafés, cabarets, vitroleras. Vale decir un mundo que me llenaba de preguntas todo el tiempo.

¿Qué poetas considerás que influyeron en tu escritura?

Ana: Todos los poetas que me gustan y leo influyen en mi escritura. En cada etapa han sido distintos. Y son muchísimos. No soy deudora de uno ni de dos, sino de decenas. Soy muy receptiva a lo que escucho, la lectura es algo cotidiano para mí, estoy todo el tiempo leyendo poesía, es algo de lo que me alimento todo el tiempo y en ese estado escribo, siempre influída y estimulada por las lecturas, dialogando con los otros poetas, incorporándome a sus textos, robándoles el impulso, la convicción. Es un ida y vuelta constante y múltiple entre lo que leo, lo que recuerdo haber leído y lo que escribo.  Por eso no siento que escriba sola. Escribo con mi voz en los intersticios de lo que se ha escrito y se escribe, colándome, extrayendo, superponiéndome. Y ahí podría sumar también las fotos que miro, las películas que veo, la música que escucho…, en una trama que no termina.

Jorge: En mi casa no había biblioteca, pero todos cantaban; mi padre tenía revistas, cancioneros y ahí me nutrí de las letras de Manzi, Cátulo Castillo, Discépolo y otros; más las revistas de historietas que tenía mi abuelo en la mesa de su peluquería. Yo tenía 8 años cuando leía a Oesterheld y la revista Hora Cero. Después en la adolescencia leí a Neruda, Becquer, García Lorca, Pedroni y  sobre todo Whitman, que me partió la cabeza. Desde ya, más luego me influenció mucha gente, también narradores y cuenteros orales. Entre los poetas, Gelman, Molina, Tuñón, Orozco, el guatemalteco Cardoza y Aragón, el peruano Cisneros…

¿Qué autor leíste últimamente y recomendarías?

Ana: Acabo de venir de Lima y me traje un montón de libros de allá, fue algo muy gozoso conectar tan fuertemente con la poesía peruana, con la que he tenido mucho contacto en distintas etapas a través de  sus grandes nombres, por haber leído desde chica a Vallejo y luego también a Cisneros, a Blanca Varela, a Watanabe. Pero ver cómo esa tradición está presente en los poetas jóvenes me generó mucha satisfacción. Vi una actitud de reconocimiento y apropiación que me gustó mucho, además de ver cómo eso incide en una proliferación  de gente que escribe estupendamente. Entre todo lo que me traje vinieron  poemas de Luis Hernández, un  poeta que apenas había leído, de la generación de Cisneros, que ha sido muy influyente en Perú, que pasó por  diferentes etapas  de escritura y desplegó recursos alucinantes, y que fue fundante de la poesía contemporánea de ese país. Como información adicional,  murió joven y  en Buenos Aires. Un poeta que recomiendo con fervor.

Jorge: Uno de los libros de poesía que más me impactó y que leí en los últimos tiempos, fue La caída hacia arriba, de un poeta que vive en La Patagonia, Cristian Aliaga. Trabaja el tema del dolor con imágenes contundentes, sin caer nunca en el mero patetismo, ni apelar a lo trágico. Escribir sobre ese tema es, en poesía, caminar por una cornisa, y Aliaga logra un nivel sorprendente. 

 

Ana Lafferranderie nació en Montevideo en 1969. Vive en Buenos Aires desde 1990. Se encuentra tramitando la ciudadanía argentina para tener la doble nacionalidad. Publicó sus primeros poemas en dos antologías: Editorial Nuevo Ser (2002) y De los Cuatro Vientos (2005).  Luego los libros El cielo tácito (Sigamos Enamoradas, 2007), Volcar la cuna (Ediciones del Dock, 2012), por el cual obtuvo el Primer premio de poesía del Fondo Nacional de las Artes, edición 2011 y Día primero (Ediciones del Dock, 2015). Poemas suyos han sido publicados en Amsterdam (Versal, 2007) y en Kansas (Coal City Review, 2013), en ambos casos con traducción al inglés de Laura Chalar. También, entre otras publicaciones, en las antologías Plata Caribe (Poesía uruguaya y dominicana, 2008), El manto de mi virtud (Poesía uruguaya y cubana, 2011), y en la revista dulcexnegra (17, 2013). Entre los años 2006 y 2010 organizó el Ciclo de Poesía de la librería y espacio cultural Fedro, junto a Florencia Walfisch. 

Jorge Boccanera (Bahía Blanca,1952). Sus libros de poesía están publicados en once países. Entre ellos ContraseñaMúsica de fagot y piernas de victoriaLos ojos del pájaro quemadoPolvo para morder, Sordomuda, Bestias en un hotel de paso, Palma Real y Monólogo del necio. Figuran, entre sus antologías personales los títulos: Marimba, Servicios de insomnio, Libro del errante y Tambor de jadeo. Es autor de los ensayos Confiar en el misterio y Sólo venimos a soñar, sobre las poéticas de Juan Gelman y Luis Cardoza y Aragón, Fue galardonado con el Premio Casa de América (Cuba), Premio Internacional "Camaiore" (Italia) y el Premio Iberoamericano "Ramón López Velarde" (México).  La foto es de Fernando Pérez Re (favor de dar crédito)